
Pensás que creo esas frases adornadas y esa mirada teñida.
Crees que te escucho y no podés ver que tan solo me divierto.
Crees que te escucho y no podés ver que tan solo me divierto.
Te convenciste de que puedo tomar como ciertas tus palabras.
Mentiroso, mentiroso, mentiroso.
Tan aburrido estás que no sabés que ya tenés una vida y tratás de encontrar aventuras porque no sos capaz de bancarte la vida como un hombre.
Tan egoísta sos que le decís cosas a una niña y no pensás más que para vos.
Bien... te gusta la conquista. Lo entiendo. Pero no por eso esperes una respuesta y mucho menos esperes una buena.
No entendés que a tus palabras se las lleva el viento.
Y lo peor de todo (o lo mejor) es que jamás vas a enterarte que a esa niña... sí, a esa niña, tus ojos, tus manos y tu piel, la conmovían.
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